martes, 4 de junio de 2013

Una promesa es una promesa

"Antes de ofrecer debemos detenernos, pero después de haber ofrecido, cumplirlo"

¿Te gusta no cumplir tus promesas?  entonces este cuento es para tí.


Esta es la historia de un duendecito llamado Jim, que a pesar de ser amable, alegre y juguetón, se fue quedando sin amigos, ¡vamos! ¡ni siquiera lo quería mirar el sol! Y es que a Jim le encantaba hacer promesas por doquier; daba su palabra por acá, por allá, por ahí y también por aquí.

Ocurrió un día que iba a haber una gran fiesta en el bosque para celebrar el cumpleaños de los grandes robles ¡cumplían trescientos añitos nada más! Y el bosque entero, con todas sus criaturas (las mágicas y las que no lo son) se estaban organizando para la gran celebración. Y entre tanto barullo sobresalió la voz de Jim, que de inmediato se puso a prometer que llegaría primero que todos para adornar el bosque entero, y que también hornearía el pastel, prometió además que luego de la fiesta él iba a limpiar todo y a lavar los trastos, incluso le prometió a todas las duendecitas que bailaría con ellas al menos una vez.

Habiendo dicho eso los habitantes del bosque quedaron sorprendidos, y tomando la palabra del duende quedaron muy seguros que la fiesta sería grandiosa y de lo más divertida.

Pues llegó por fin el tan esperado día del evento; pero cuando fueron llegando todos los invitados se desilusionaron enormemente, porque el bosque se veía como siempre se ve, no había guirnaldas de flores, ni faroles de colores, no había serpentinas, ni mantelitos, no había ni una sola decoración, todo estaba en silencio total. Y los distinguidos festejados se veían con sus hojitas tristes, pues de verdad esperaban una gran fiesta para celebrar que habían sido ellos los fundadores de aquellos bosques; así que de inmediato todos los demás, desde pequeñas luciérnagas y hadas hasta los trolls y las ardillas comenzaron a trabajar a toda prisa para adornar el lugar.

ero luego notaron que ni siquiera tenían el pastel de cumpleaños para festejar, y todos sabemos que un cumpleaños sin pastel con velitas encima es muy triste, porque se supone que uno puede pedir un deseo que se hará realidad, y sin pastel y sin velitas los grandes robles no podían pedir su deseo, así que su hojitas se pusieron todavía más tristes.

Pues así tristes estaban todos, porque hornear un pastel tan grande no era cosa fácil ni rápida y tardarían toda la tarde, y cuando llegaron las duendecitas, con sus vestidos de pétalos fragantes notaron que no había fiesta, ni música, que todos estaban tristes y molestos y sobre todo notaron que el duendecito Jim no aparecía por ningún lado, y las duendecitas, que estaban todas ilusionadas por bailar con Jim, también se sintieron tristes y enojadas, y al ver eso, los grandes robles no pudieron más y se soltaron a llorar, porque la fiesta no era alegre, ni divertida, y todos tenían las caritas fruncidas, y algo muy dentro del bosque comenzó a temblar, comenzó a resquebrajarse, sonaba como un montón de galletas rompiéndose a la mitad … y, en efecto, algo se había roto por la mitad … ¡ERA EL CORAZÓN DEL BOSQUE!..

Al escuchar aquel estruendo Jim despertó de la siesta que estaba tomando en lo profundo de los pétalos de un dulce tulipán, y salió corriendo a ver qué ocurría, y cuando llegó al bosque notó que todos los árboles estaban partidos por la mitad, que todas las hadas, los duendes, los trolls, las aves, los colibríes y todos los demás estaban tristes, enojados y nadie quería hablar con él.

“¡PERDÓN! ¡PERDÓN!” –gritaba Jim– pero ya nadie lo quería oír, el corazón del bosque estaba roto, y también el corazón de sus amigos, porque Jim les había prometido muchas cosas y ninguna la había cumplido, y es que Jim no entendía que al hacer una promesa, no sólo se dicen palabras, en una promesa se entrega la confianza, de quien la hace y de quien la cree, en una promesa se entrega el alma, se da la amistad y el cariño, con una promesa uno dice “te quiero” “ me importas”, en una promesa se da también el honor, se entrega nuestra palabra ¡una promesa es una promesa! ¡No es cualquier cosa! ¡No es una baratija! Una promesa no es algo que se puede echar a la basura, el duendecito Jim no entendía que una promesa que no se cumple abre una herida, una promesa vacía va rompiendo el corazón de a poquito y lo deja un poco desilusionado, vacío y dolorido.

Pero al ver todo lo que había causado, el duendecito Jim sacó de su sombrero un trébol de cuatro hojas, lo frotó en sus manos y salió un gran arco iris que remendó el corazón del bosque y lo llenó de color, y al final de aquel mágico arco iris no había una olla con monedas de oro, sino un enorme pastel de cumpleaños con trescientas velitas encendidas para que los grandes robles pudieran pedir su deseo, y con el arco iris llegaron las musas, que de inmediato comenzaron a tocar hermosas melodías y trajeron de vuelta la sonrisa a todas las criaturas del bosque y tuvieron la fiesta que tanto querían, porque Jim, el duendecito, lo había prometido, y también prometió no volver a romper otra promesa nunca más, pues ahora sabía lo que significaban en verdad.


 Así pasaron toda la noche festejando y bailando todas las criaturas del lugar, mientras Jim se arremangaba la camisa ¡pues tenía muchos trastos que lavar!

¿Te gustó el cuento? ¿Cumplirás tus promesas? ¿Qué importante son las promesas para ti? ¿Tus amigos confían en tus promesas? ¿Alguna vez  no cumpliste una promesa? ¿Crees que Jim mereció ese final?.

La pelea del cuerpo

"Todo lo que hagamos por los demás, en realidad,
 lo hacemos por nosotros mismos"

En varias ocasiones, nuestra profesora de comunicación, presenciaba varias discusiones de sus estudiantes, cuando era de trabajar en equipo, cada representante de equipo deseaba sólo tener a los mejores estudiantes en su grupo y allí se originaba el desorden, la profesora calmaba los ánimos y nos hacía un sorteo para formar los grupos, pero nadie se sentía contento con la elecciones ni con sus miembros de su grupo, protestaban de que no trabajaban, que sólo se dedicaban a escribir o a pegar algún dibujo, pero no aportaban nada provechoso.



Un día,  a la hora de la lectura la profesora nos repartió este texto.

En una ocasión, los diversos miembros y órganos del cuerpo estaban muy enfadados con el estómago. Se quejaban de que ellos tenían que buscar el alimento y dárselo al estómago, mientras que éste no hacía más que devorar el fruto del trabajo de todos ellos.

De modo que decidieron no darle más alimento al estómago. Las manos dejaron de llevarlo a la boca, los dientes dejaron de masticar y la garganta dejó de tragar. Pensaban que con ello obligarían al estómago a trabajar.

Pero lo único que consiguieron fue debilitar al cuerpo, hasta el punto de que todos ellos se vieron en auténtico peligro de muerte. De este modo fueron ellos, en definitiva, los que aprendieron la lección de que, al ayudarse unos a otros, en realidad trabajaban por su propio bienestar.
Autor: Anthony de Mello.

La profesora nos pidió que la leyéramos,  analizáramos y extrajéramos la enseñanza. Recuerdo que hablamos muchos sobre su contenido y el  mensaje que nos transmite, todos nos hicimos una autocrítica y nos pedimos disculpas. 
le pedimos a la profesora si nos podía asesorar para dramatizarla.

A continuación va una versión dialogada que se puede desarrollar como teatro leído.

"Ayúdame que yo te ayudaré"

NARRADORA:
Un día la mano izquierda le dijo confidencialmente a la mano derecha.

MANO IZQUIERDA:
Mira, nosotras trabajamos todo el día, mientras el estómago no hace nada.

NARRADORA:
Las piernas escucharon y dijeron.

PIERNAS:
Tienes razón, nosotras también estamos cansadas caminando todo el día para comprarle alimentos al estómago y él sólo come sin hacer nada para conseguirlo.

NARRADORA:
La mano derecha gritó:

MANO DERECHA:
Hagamos huelga, no le demos ya comida al estómago. Que él se las arregle si quiere.

NARRADORA:
Entonces habló el estómago.

ESTÓMAGO:
Amigos, vosotros estáis pensando mal. Nuestro trabajos y aptitudes son muy diferentes, pero la verdad es que dependemos muchísimo los unos de los otros.

NARRADORA:
Las manos le gritaron:

MANOS:
Cállate. Esos son los argumentos de un vago. Desde ahora no vas a comer nada, absolutamente nada.

NARRADORA:
Pasaron unos días.

MANO I:
¡Ay qué débil me siento!

MANO D:
Yo también, no sabes lo cansado que me siento...

NARRADORA:
Las piernas se quejaron...

PIERNAS:
Nosotras apenas nos podemos mover.

NARRADORA:
Y todas las partes del cuerpo decían lo mismo. Todas se sentían desfallecer. Entonces el estómago habló:

ESTÓMAGO:
Yo también me siento débil. Si me alimentan podré trabajar de nuevo y vosotros y yo nos sentiremos mejor.

MANO D:
Bueno, vale la pena probarlo.

NARRADORA:
Y las piernas con mucha dificultad llevaron el cuerpo a la mesa, las manos cooperaron y metieron la comida en la boca. Al poco rato las manos exclamaron...

MANOS:
Ya nos sentimos mejor.

NARRADORA:
Todos los miembros del cuerpo decían lo mismo.

Entonces comprendieron que todos los miembros del cuerpo deben cooperar si quieren conservarse con buena salud. Y el estómago comprendió que él depende del trabajo de los miembros y que debe repartir por igual con los miembros todo lo que llegue a él.


Encontré este vídeo para que les transmitan  a los niños.



sábado, 1 de junio de 2013

La carpintería

“Para viajar lejos, no hay mejor nave que un libro” (Emily Dickinson)


Recuerdo que en mi aula existían muchos compañeros que les gustaba fijarse y  hablar de los defectos de los demás, sin ni siquiera mirar sus propios defectos que a la larga eran muchos y peores. Siempre nos quejábamos de nuestros compañeros con la profesora tutora.

Un día nuestra profesora nos trajo a leer una lectura muy bonita que nos encantó a todos por su gran mensaje y enseñanza.



ASAMBLEA EN LA CARPINTERÍA

Cuentan que en la carpintería hubo una vez una extraña asamblea. Fue una reunión de herramientas para arreglar sus diferencias.

El martillo ejerció la presidencia. Pero la asamblea le notificó que tenía que renunciar. ¿La causa?... ¡hacía demasiado ruido! Y además se pasaba el tiempo golpeando.

El martillo aceptó su culpa, pero pidió que también fuera expulsada la garlopa. ¿Por qué? Hacía todo su trabajo en la superficie. No tenía nunca profundidad en nada.

La garlopa aceptó a su vez, pero le pidió la expulsión del tornillo. Adujo que había que darles muchas vueltas para que al fin sirviera para algo.
Ante el ataque, el tornillo aceptó también. Pero a su vez pidió la expulsión de la lija. Hizo ver que era muy áspero en su trato y que siempre tenía fricciones con los demás.
Y la lija estuvo de acuerdo, a condición de que fuera expulsado el metro, que siempre se pasaba midiendo a los demás con su medida, como se fuera el único perfecto.

En eso entró el carpintero, se puso el delantal y se fue al banco para iniciar su trabajo. Utilizó el martillo, la garlopa, la lija el metro y el tornillo. Finalmente la tosca madera inicial se convirtió en un lindo mueble.

Cuando la carpintería quedó nuevamente sola, la asamblea reanudó la deliberación. Fue entonces cuando tomó la palabra el serrucho, y dijo: "Señores, ha quedado demostrado que tenemos muchos defectos, pero el carpintero trabaja con nuestras cualidades. Eso es lo que nos hace valiosos. Así que no pensemos ya en nuestros puntos malos y concentrémonos en la utilidad de nuestros puntos buenos".

La asamblea encontró entonces que el martillo era fuerte, contundente, y la garlopa suave, eficaz. Se dieron cuenta de que el tornillo tenía habilidad para unir y dar fuerza; y la lija era especial para afinar situaciones y limar asperezas. Y observaron que el metro era preciso y exacto. Se sintieron entonces un equipo capaz de ayudar a producir muebles de calidad. Se sintieron orgullosos de sus fortalezas, y de poder trabajar juntos.

Nuestra profesora no contenta con hacernos leer y analizar el cuento,  nos asesoró y repartió roles para  dramatizar el cuento.


Preparó siete fotocopias del cuento. Las repartió entre siete  estudiantes que interpretarán cada uno de los personajes.

Narradora:
Un día en la carpintería de mi pueblo se reunieron las herramientas para hablar de sus cualidades. Para coordinar la reunión se puso al frente el martillo.



                                                        
MARTILLO: Hola, herramientas. Yo soy el martillo y nos hemos reunido aquí…
TODAS LAS HERRAMIENTAS:
No. No queremos que tú estés al frente de la reunión. Haces mucho ruido.
TORNILLO:
Hola. Yo soy el tornillo y nos hemos reunido aquí para hablar…
TODAS LAS HERRAMIENTAS:
No. No queremos que tú estés al frente de la reunión. Siempre das muchas vueltas…
LIJA:
Hola. Yo soy la lija y nos hemos reunido aquí para hablar de nuestras…
TODAS LAS HERRAMIENTAS:
No queremos que tú estés al frente de la reunión. Eres muy áspera y siempre te rozas con nosotras…
METRO:
Yo soy el metro y nos hemos reunido aquí para hablar de nuestras cualidades…


CARPINTERA:
Hola, chicas. Me pongo el delantal y voy a trabajar en la carpintería. Voy a utilizar el metro para medir, el tornillo para sujetar, el martillo para golpear, la lija para que quede suave. Así con las cualidades de cada herramienta tendré un mueble muy útil.
NARRADORA
Al anochecer la carpintería se quedó sola y las herramientas se reunieron de nuevo. Entonces se puso al frente del grupo el serrucho y dijo.
SERRUCHO: "Señoras, ha quedado demostrado que tenemos defectos, pero la carpintera trabaja con lo mejor de nuestras cualidades. Eso es lo que nos hace valiosas. El martillo es fuerte. El tornillo une y da fuerza. La lija es especial para afinar y limar asperezas. El metro era preciso y exacto.”

Se sintieron entonces orgullosas de sus fortalezas y de trabajar juntas.

Reflexión:

TENEMOS MUCHAS CUALIDADES POSITIVAS

"El hombre que ha cometido un error y no lo corrige comete otro error mayor"